febrero 20, 2009

Language Update

Language Update, produced by the Translation Bureau, Canada, is a quarterly magazine with a worldwide readership. Its articles discuss English, French and Spanish language-related issues, including language usage, terminology and language industry developments. Language Update is of interest not only to language professionals, but also to occasional writers and anyone interested in terminology, linguistics or translation.

The magazine contains: information on new terminology, solutions to frequently recurring translation and writing problems, tools of the trade, articles on usage changes
useful neologisms, mini glossaries on current topics and other interesting information

Language Update is available on-line and through subscription.

Feel free to consult the latest issue of the magazine.

http://www.btb.gc.ca/btb.php?lang=eng&cont=301

febrero 17, 2009

De anglicismos, barbarismos y otras barbaridades

Gerardo Piña

Qué duda cabe que la mayoría de nosotros -máxime después de haber residido en los Estados Unidos durante algunos años- se nos escapa de vez en cuando algún que otro anglicismo. Claro, que hay anglicismos graves y otros que son peccata minuta; como también hay barbarismos y hasta barbaridades lingüísticas. Basten un par de ejemplos (y perdonen que los extraiga de mi experiencia personal) para ilustrar lo que afirmo.

Hacía un mes que acababa de llegar por primera vez a los Estados Unidos, cuando un malhadado día, la mujer que hacía la limpieza en donde a la sazón me hospedaba, me preguntó a bocajarro: "¿Quiere que le vacuna la carpeta, mister?", "¿cómo?, le pregunté asustado. "¡¿Qué si quiere que le vacuna la carpeta?!", repitió un tanto amoscada, la señora, señalándome con displicencia la alfombra que pisábamos. Yo que en un principio me había alarmado sobremanera creyendo que el Departamento de Inmigración iba inocularme otra de sus inefables vacunas, so pena de ser inmediatamente deportado a mi país de origen, sonreí tranquilizado al darme cuenta de que la pobre y buena señora sólo quería saber si debía o no pasarle la aspiradora a la alfombra. Podía respirar en paz: la señora de marras no pertenecía ni por asomo a la emigrase "Migra". En otra ocasión, recibí una carta-invitación de una ilustre institución cultural hispánica de Nueva York (de cuyo nombre no quiero acordarme), en la que se me invitaba a asistir a su verbena anual para recaudar fondos. En una postdata -al pie de la carta- en letras mayúsculas, se leía "NIÑOS SERAN VENDIDOS EN LA TAQUILLA DE ENTRADA, PRECIO 3,00 $" "¡Caramba -exclamé estupefacto-, mira por donde voy a hacer el negocio del siglo! ¡Con la cantidad de parejas que -por hache o por be- se desviven por adoptar a una criatura, clientes no han de faltarme¡".

Pero, cuando, engatusado por tan irrechazable como insólita oferta, aquel domingo de mayo acudí a la fiesta, me extrañó no ver más que los tres o cuatro mocosos, que, con sus papás y mamás, se aprestaban a entrar a la dichosa verbena. "A lo mejor -pensé-, como los niños eran tan baratos (¡a precio de ganga¡), se habrán vendidos todos". Sin embargo, espoleado por inveterada curiosidad, y ya una vez en pleno jolgorio, me acerqué a uno de los organizadores, y , con la carta-invitación en la mano, le pedí, muy cortésmente, que me aclarara aquello de "NIÑOS SERÁN VENDIDOS EN LA TAQUILLA DE ENTRADA". ¿Aspiraba,en verdad, aquella insigne y proba institución a promover la venta infantil? Y de ser así, ¿cómo qué ocultas, siniestras, aleves intenciones? Un tanto molesto el hombre por lo que suponía (¡y suponía bien) una impertinencia mía, me confesó que había sido un error, un imperdonable desliz de la persona (cuyo nombre me relevó) que había relatado la esperpéntica carta; que lo que había querido decir realmente aquel irresponsable plumífero era que las ENTRADAS DE LOS NIÑOS SERÍAN VENDIDAS EN LA TAQUILLA. ¿Anglicismo? ¿Barbarismo? ¡No! ¡Barbaridad!

Uno, después de varios años en este país, está curado de espanto, pero todavía siente vergüenza- vergüenza ajena- cuando, a diestro y siniestro oye decir: "estoy supuesto", por "se supone", "vuelvo p'trás", por "regreso", o soy nacido", por "nací". Pero de estos y otros anglicismos, barbarismos o barbaridades me ocuparé otro día.

NOTA DEL EDITOR. El mensaje que jocosamente nos envía el autor es bien serio. A menudo observamos en la comunicación, tanto oral como escrita, cierto abandono en la manera de usar propiamente el idioma español. Las palabras habladas se las lleva el viento, y los errores se evaporizan. Sin embargo lo escrito, queda, en particular, lo impreso. Las instituciones y personas que imprimen sus ideas deberían celosamente evitar el mestizaje entre el español y el inglés. Por nuestra parte, desde que iniciamos Coloquio hemos velado por no abastardar nuestra lengua con la terminología inglesa, mientras exista en nuestro léxico el vocablo adecuado, e intentamos comunicar nuestras ideas usando las estructuras gramaticales de la lengua española. No somos perfectos, pues de cuando en cuando se nos ha escapado algún que otro anglicismo, aunque pocos, cuando ya era tarde para corregirlos. Lo importante es que nuestra meta ha sido, y es, mantenernos alertas para que el español que se imprime en Coloquio no contribuya a que nuestra bella lengua se convierta poco a poco en un dialecto híbrido. Fuente: Revista virtual Coloquio

febrero 13, 2009

Umberto Eco publica en España su nuevo ensayo sobre traducción: Decir casi lo mismo. La traducción como experiencia

En una reciente entrevista concedida a El País, Umberto Eco nos obsequiaba con una de sus 'perlas filosóficas': "El que se sienta totalmente feliz es un cretino". El autor de El nombre de la rosa y El péndulo de Foucault, nos deleita ahora con su último ensayo dedicado a la traducción.

'Traduttore, traditore', dice un refrán italiano; sin embargo, antes que juzgarlo como un traidor, Umberto Eco prefiere considerar al traductor un artesano de la palabra. Después de interpretar un texto extranjero y tener en cuenta todos sus matices, el traductor negocia con su propio idioma para que la palabra traducida sea capaz de incorporar los valores, y no solo los significados, de una cultura ajena. Traductor él mismo, Eco no se limita a la teoría, sino que compone este libro basándose en ejemplos prácticos y proponiendo incluso una divertida versión del Génesis, tal como la ofrece el traductor automático de Altavista.

Decir casi lo mismo: la traducción como experiencia, es un libro ameno, didáctico, que conserva el tono de las conferencias –dictadas en Toronto, Oxford y Bolonia– que lo inspiraron. Además de prestigioso semiólogo, veterano polemista, prolífico ensayista y convencido humanista, Umberto Eco es uno de los novelistas que más éxito ha cosechado en el mundo entero. La experiencia de ver traducida su vasta obra a tantas lenguas le ha dado la privilegiada oportunidad de acercarse a los problemas concretos de la traducción y extraer una serie de conclusiones reveladoras, útiles, muy persuasivas. La cuestión central radica en la pregunta ¿qué quiere decir traducir?, y en la respuesta que Eco ofrece y explica: decir casi lo mismo. A primera vista, podría parecer que todo el esfuerzo se centra en definir o acotar ese «casi» pero enseguida surgen dudas en torno al propio «decir» e incluso en ese «lo mismo». De la pregunta a la respuesta, este libro constituye una de las aportaciones más brillantes y diáfanas a la eterna discusión sobre las traiciones de los traductores.